El (clásico) más dilatado

La historia se repite -una vez más-. Central se quedó -una vez más- con el clásico rosarino. En el marco de la 12ª fecha de la Súperliga y con un Gigante de Arroyito -una vez más- colmado, el canalla se aventajó desde un principio y pudo hundir -una vez más- a su rival.

 

Con apenas dos minutos disputados y después de un tiro de esquina preciso enviado por Gil, Germán Herrera fue el autor de un cabezazo implacable que abriría y cerraría el marcador. En el resto del cotejo la fricción se hizo presente, decidiendo que ese primer y parcial resultado fuese definitivo.

 

Dentro de la cancha, el conjunto visitante propuso muy poco. Habiendo canalizado todo su esmero en las volátiles redes sociales, no supo demostrar la supremacía de la que tanto se jactaba y quedó en ridículo nuevamente. Absolutamente todo lo que prometía se esfumó. Hoy sólo alberga deudas y simpatizantes furiosos incapaces de comprender que poco tienen que ver las comisiones de turno: la única responsable de su vergüenza eterna nació en Arroyito y luce bastones azules y amarillos. No se necesita más.

 

El gran Leo Fernández es, quizás, quien puede aprovechar el triunfo que la ciudad entera festeja de manera inimitable. Con años de dedicación y metas alcanzadas, es hoy receptor de las miradas de la CD que tanto esperó. Su interinato llegó a su fin, y nuevos horizontes le prometen un rédito a su comprobada entereza.

 

Luego de la esperada renuncia de Paolo Montero, Fernández y su cuerpo técnico dirigieron tres encuentros y obtuvieron tres impecables victorias. Talleres de Córdoba, Boca Juniors y, ahora, el equipo con sede en los terrenos municipales. Con su asentamiento en la primera categoría, el pueblo canalla espera revertir un ciclo para el olvido y aguarda expectante una devolución acorde a su hinchada: gigante.

 

El derby dejó infinidad de “perlitas”. Los gestos de Tobio al ex Banfield y el doble caño de Carrizo fueron dos de ellas, pero, sin dudas, la más eminente fue el ilustre telón que desplegó la hinchada. Hoy, el mundo entero habla de una de las banderas más grandes jamás conocidas. Inigualable y descomunal, como la pasión desmedida de quienes tienen la suerte de profesar esta religión y vehemente, como las más sinceras sonrisas y las más sentidas lágrimas de un pueblo que manifiesta a cada paso que sentirse así, lo justifica todo.

 

Con este triunfo, la ciudad despide el año con una sonrisa y estira, aún más, su consolidada paternidad. Desde 2013, Central ganó siete clásicos, empató uno en virtud de la “paz social”, pedida desesperadamente por reconocidos políticos de Rosario, y perdió sólo uno de ellos.

 

Casi un mes de descanso le espera ahora al plantel canalla. Volverá a las canchas recién en los últimos días de enero -visitará a Gimnasia y Esgrima en la ciudad de La Plata-.

 

Por Rosario Riego (Staff Hincha Canalla).