Golpe de realidad

 

Central visitó a River Plate por la 23ª fecha del actual torneo de primera división de fútbol argentino, pero no supo encontrar su norte y cayó por 2-0. Lejos de sorprender con sus ya usuales reincidencias, acabó por acostumbrar a su público a la mediocridad.

 

Los comandados por Leo Fernández no pudieron contra un Millonario que acumula ya cinco victorias seguidas en su haber. Pese a entablar un primer tiempo parejo, la segunda mitad definió un partido que tuvo dueño implícito desde el principio.

 

El marcador se abrió recién a los 74 minutos después del pitazo inicial, de la mano de Santos Borré. Apenas unos instantes después de reemplazar al entrañable Ignacio Scocco (quien abandonó la cancha molesto por no poder, nuevamente, marcar ante Central), el colombiano aprovechó una jugada edificada por su colega Juan Quintero y anotó el primer gol de la jornada.

 

Apenas 180 segundos después, Lucas Pratto aprovechó la desazón del Canalla y culminó el resultado del cotejo que auguraba la mejor de las suertes para el local desde las inmediaciones del túnel de ingreso.

 

Pese a realzar el semblante en algunas -pocas- actuaciones, las alegrías resultan pasajeras y el mal estar toma las riendas en cada nueva ocasión. Los cambios ejecutados por el DT son moneda corriente en las charlas en las tribunas, y la situación comienza a tornarse insostenible. El esquema táctico propuesto desde el cuerpo técnico no refleja los avances que, según manifiestan los protagonistas, suceden entre semana.

 

Los lesionados abundan y resulta inadmisible exigir que adolescentes incipientes salven la actualidad de un plantel lleno de individualidades, pero a kilómetros del buen juego colectivo.

 

Central no cesa de acotar sus posibilidades de ingreso a las próximas competencias internacionales, único acontecimiento que podría brindarle la capacidad de respirar a Fernández. Los números no acompañan, la actualidad no promete en absoluto y es el hincha quien reza, desesperado, por ver un desempeño a la altura de las circunstancias.

 

Sin descuidar el torneo, el Canalla debe enfocarse también en la definición que se le viene: en menos de un mes deberá enfrenar a San Pablo en el Morumbí. Teniendo que, forzosamente, enterrar un primer empate, debe jugar con la entereza que merece una Copa Sudamericana y dejar atrás la imprecisión que adoptó por estandarte.