Deuda futbolística

Central volvió a caer. Esta vez fue la reserva del ya descendido Arsenal de Sarandí la que se mufó de un equipo desorbitado, sin identidad. 

   Los errores tácticos que sometieron en el pasado al pueblo Canalla parecen, ahora, el más inalcanzable de los éxitos. El plantel supo, con el correr de las fechas, adoptar como estandarte la pura desanimación. Los espectáculos que ofrece rozan lo penoso, pero pareciera -pese a las circunstancias- no ser un tema en agenda. 

   José Chamot fue quien aceptó tomar las riendas de este primer equipo por, al menos, lo que resta del campeonato. Como principal medida apostó por los jóvenes del plantel, pero tampoco fue la cura al padecimiento lamentable que atraviesa Rosario Central. 

   Los locales también pusieron en cancha a sus referentes más jóvenes, aunque el destino sí jugó a su favor. 

   Pese a ser autores de las primeras llegadas claras, los dirigidos por Chamot no fueron capaces de concretar ninguna pelota y Arsenal aprovechó el momento para quitarle las riendas del cotejo. 

   En pleno desarrollo de los primeros 45 minutos, Paulo Ferrari desvió una pelota que Jeremías Ledesma no pudo contener y marcó el primer tanto para Arsenal. El clima para el Canalla se descompuso de inmediato y otras conversiones no tardaron el llegar: Lomónaco convirtió a los 39 minutos de juego, Antilef a los 46’ y Purita a los 74’. 

   Ahora, Central viaja a Brasil para enfrentarse a San Pablo, con quien se medirá el miércoles a partir de las 21:45. Y será allí donde deberá rendirle culto a su hinchada y otorgarle un merecido agradecimiento, teniendo más presente que nunca la fidelidad de un público que los acompaña pese a la ya gran acumulación de papelones.